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lunes, 4 de mayo de 2015

Lo que necesitan las familias II: espacios, tiempo y alternativas

Criar a nuestros hijos de una forma positiva, respetando a nuestros hijos, y respetándonos a nosotros mismos, exige que este nosotros sea acogido. Nosotros como familia cuidamos a nuestra descendencia como un tesoro, porque es nuestro. De la misma manera que si nosotros pertenecemos a este gran grupo que llamamos sociedad, habremos de sentirnos cuidados y acogidos. Necesitamos esa gran tribu para criar  a ese tesoro que compartimos, nuestros niños y niñas.

Hoy sabemos que la calidad de las relaciones familiares, y en consecuencia, la calidad de los cuidados y educación que reciben nuestros hijos no sólo dependen de las capacidades que hayan desarrollado los padres. Hay ciertos aspectos  que facilitan o dificultan la crianza de los/las hijos/as, y que son en cierto modo ajenas al control de la familia, porque pertenecen al ámbito sociocultural.

La inexistente conciliación  familiar y laboral, las pérdidas de tiempo en desplazamientos, la faltade espacios de encuentro, las bajas maternales/paternales tan cortas,…  Son barreras que dificultan, cuando no impiden, la crianza de los hijos.

¿Pero qué elementos favorecen el buen funcionamiento de la familia? Mi opinión personal, es que los padres queremos criar a nuestros hijos en un entorno que valore justamente el esfuerzo que realizamos día a día.  Que el bienestar de la familia sea una prioridad real de compartida por la sociedad al completo, que se valoren  adecuadamente las estrategias y acciones preventivas, y refuercen las medidas proactivas y de preservación familiar.



Las familias necesitan  ESPACIOS, TIEMPO Y ALTERNATIVAS/OPCIONES.  Es una inversión de futuro.

jueves, 12 de marzo de 2015

La ciudad es de los niños y las niñas

Ayer en el programa de radio  Esto me suena de RNE, escuché una iniciativa que por lo visto funcionan en varias ciudades de España, los Caminos Escolares. Pretende que los niños puedan ir solos  al colegio de forma segura, recuperando el derecho a la autonomía del niño en la ciudad, aunque sólo sea para ir y venir al cole.

Y, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué ya no vemos niños en la calle? ¿Es realmente la calle un lugar tan inseguro para los niños?

La evolución urbana en los últimos 30 años ha transformado nuestras ciudades, en la mayoría de las ocasiones se han privilegiado intereses económicos y adultos. La ciudad es adultocentrista, se han construido barriadas en los que lo que interesaba era la rentabilidad económica inmediata, y poco el construir espacios de encuentro. Se han  diseñado vías y calles teniendo como referencia el tráfico urbano y el comercio, dejando espacios mínimos para  el paseo.

La forma de vivir la infancia ha cambiado en los últimos treinta años, especialmente la experiencia de jugar. Hoy se hace casi imposible que un niño juegue en la calle sin estar controlado por un adulto, y ello perjudica el desarrollo de la personalidad del niños. 

Es cierto que cada vez hay más parques y zonas de juego completísimas: los toboganes y los columpios se han modernizado, la arena, la tierra, las hierbas… se han higienizado y sustituido por pavimentos seguros. Pero…. al parque el niño y la niña no pueden ir si no es acompañados por un adulto, si es que éste no tiene otros “quehaceres”, que son múltiples, y a los que, a menudo es el niño el que acompaña... 


Queremos que los niños sean independientes y autónomos en muchas áreas, llegando incluso a acelerar aprendizajes, pero no les permitimos desarrollarse y ser autónomos en aquello para lo que madurativamente sí que están preparados, interesados el juego libre.  Los niños necesitan estar solos, no quieren estar en espacios cerrados rodeados de juguetes, somos nosotros los que necesitamos saber que nuestros hijos están en lugares “hiperseguros”. Un niño no juega de la misma manera controlado o guiado por un adulto. Los niños apenas tienen oportunidades de vivir experiencias por su cuenta, de jugar y aprender en realidad.


Las familias necesitamos espacios de encuentro e intercambio, diseñado para las personas, espacios que serían disfrutados especialmente por los niños, pero también lo serían de los adultos.  Zonas de encuentro familiar, donde los niños puedan estar “a su aire” y los adultos enfrascados en sus conversaciones, donde poder compartir y disfrutar de ese tiempo libre tan escaso y necesario.

Y es imposible hablar de infancia, juego y ciudad si no mencionamos a Francesco Tonucci o Frato, pedagogo, dibujante, y autor del libro "La ciudad de los niños". Para conocer mejor sus planteamientos, os propongo ver el siguiente vídeo, os dará perlitas para reflexionar sobre este tema… (y no estará de más ahora que próximamente nos toca decidir quién gobierna nuestros municipios)