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lunes, 4 de mayo de 2015

Lo que necesitan las familias II: espacios, tiempo y alternativas

Criar a nuestros hijos de una forma positiva, respetando a nuestros hijos, y respetándonos a nosotros mismos, exige que este nosotros sea acogido. Nosotros como familia cuidamos a nuestra descendencia como un tesoro, porque es nuestro. De la misma manera que si nosotros pertenecemos a este gran grupo que llamamos sociedad, habremos de sentirnos cuidados y acogidos. Necesitamos esa gran tribu para criar  a ese tesoro que compartimos, nuestros niños y niñas.

Hoy sabemos que la calidad de las relaciones familiares, y en consecuencia, la calidad de los cuidados y educación que reciben nuestros hijos no sólo dependen de las capacidades que hayan desarrollado los padres. Hay ciertos aspectos  que facilitan o dificultan la crianza de los/las hijos/as, y que son en cierto modo ajenas al control de la familia, porque pertenecen al ámbito sociocultural.

La inexistente conciliación  familiar y laboral, las pérdidas de tiempo en desplazamientos, la faltade espacios de encuentro, las bajas maternales/paternales tan cortas,…  Son barreras que dificultan, cuando no impiden, la crianza de los hijos.

¿Pero qué elementos favorecen el buen funcionamiento de la familia? Mi opinión personal, es que los padres queremos criar a nuestros hijos en un entorno que valore justamente el esfuerzo que realizamos día a día.  Que el bienestar de la familia sea una prioridad real de compartida por la sociedad al completo, que se valoren  adecuadamente las estrategias y acciones preventivas, y refuercen las medidas proactivas y de preservación familiar.



Las familias necesitan  ESPACIOS, TIEMPO Y ALTERNATIVAS/OPCIONES.  Es una inversión de futuro.

martes, 31 de marzo de 2015

La paradoja de la sobreprotección

Parece que hay una reflexión compartida, más bien un debate que hace cuestionar a los padres y madres sobre cómo están educando a  sus hijos. Se nos está lanzando el mensaje que existe una generación de niños sobreprotegidos, consentidos, … que no están suficientemente preparados para madurar como adultos y enfrentarse a las dificultades de la vida.

Me pregunto ¿cómo estamos sobreprotegiendo a nuestros hijos? ¿Tienen demasiadas facilidades? ¿Su vida es excesivamente cómoda? O acaso ¿limitamos en exceso sus posibilidades de acción?

Desde mi modo de ver, confundimos conceptos, y mucho. Es cierto que hoy un amplio sector de la infancia tienen todo lo material y más que necesitan, juguetes, ropa, accesorios  y gadgets de todo tipo, tablets, móviles, … Algunos focalizan su atención en este aspecto, quizás desde el resentimiento de una infancia de carencias, hacen virtud de su propia carencia y se preguntan: ¿Pero qué está pasando con estos niños/adolescentes que han tenido todas las oportunidades del mundo y las desperdician?  Y se aferran a su propio ejemplo, cuando éramos pequeños no necesitábamos, ….

Reconozcamos que ha cambiado el universo infantil. Hemos cambiado la sencillez, la carencia, los espacios ilimitados de juego y libertad por la compra de ocio, juguetes y el encaje de actividades en la agenda de los niños. El miedo y la inseguridad amenazan los espacios que antes eran de los niños.  Los padres además hemos de prevenir/evitar accidentes domésticos, en la calle, de tráfico... Cada día escuchamos en los medios nuevas noticias que nos conducen a vivir en permanente alerta. 

A mi modo de ver la infancia de hoy pierde. Tienen dos padres con mucho menos tiempo y muchas más tensiones a las que hacer frente para dedicarse  a sus hijos. Que no es cierto que lo que importa es el tiempo de calidad y no la cantidad, la cantidad de tiempo disponible con los hijos, importa, vaya que sí. Que se lo digan a unos padres que llegan agotados, a las 8 de la noche a su casa, sin energía para hacer frente al berrinche de su hijo.


Lo que es indudable es que los padres debemos proteger a nuestros hijos, mimarlos. Sí!! mimarlos, darles amor y apoyo incondicional, que es lo que les ayuda a crecer.  La falta de amor, cuidado, dedicación es incompensable, y que si nos embarga la culpa no hay regalo que sustituya la falta.  Esta culpa es el caldo de cultivo de la sobreprotección, que es en realidad un exceso de límites. Sí la calidad de la crianza de los hijos también se puede ver como un exceso de límites en la conducta de nuestros hijos, y no sólo la maniqueada ausencia de límites.

Limitar es no dejarles hacer de forma más o menos autónoma, con supervisión más o menos cercana, aquello que sí que están preparados para hacer, y que además puede suponer un acicate en su desarrollo. Colaborar en pequeñas tareas domésticas cuando son pequeñitos les encanta, ahora eso sí se pueden manchar o hacer algún estropicio, subir solos a un tobogán, dejarles que resuelvan sus conflictos con sus amigos, ir a dar una vuelta en bici…


Definamos qué es lo que queremos para nuestros hijos, ¿queremos que puedan utilizar su libertad? ¿Qué sean capaces de valorar los riesgos y actúen en consecuencia? ¿Queremos que se conviertan en personas responsables?  Quizás hayamos de plantearnos darles ciertos márgenes



Y si es así no pretenderemos controlar la vida de nuestros hijos, ni tratar de que aprendan a través de nuestras experiencias, ni infundir nuestros propios miedos. Los riesgos son inevitables, y según crezcan nuestro papel será de guías: ayudándoles a detectar y evitar riesgos, a hacer frente a dificultades, a enfrentarse y gestionar positivamente el conflicto. Y se los encontrarán seguro, no es necesario, ni moralmente aceptable que les expongamos a ninguna situación para que se "endurezcan".

Habremos de ser acompañantes: estar con ellos en el desasosiego, en la tristeza, en la frustración. Escuchando, demostrándoles nuestra confianza en ellos, en sus fortalezas, ayudándoles a reescribir el relato de lo vivido, a asumir sus propios errores. Acompañándoles estos baches se amortiguarán, les ayudarán a CRECER más fuertes para poder volar...

martes, 24 de febrero de 2015

El valor del CUIDADO en educación, ¿quién cuida de los hijos?

Hace unos días pude ver el documental “La educación prohibida”, reflexiona sobre la forma de aprender de los niños, sin llegar a profundizar en metodologías pedagógicas, contiene multitud de mensajes para repensar la educación, fundamentalmente la escolar.  Me impactó uno especialmente, para “educar hemos de cuidar”.

Y efectivamente si revisamos el significado de cuidar, tiene que ver con poner atención y diligencia, ocuparse de que esa persona se encuentre bien, estando alerta a sus necesidades y proporcionándole lo necesario, evitando peligros y accidentes.


Cuidar sería atender regularmente las necesidades básicas del niño, y favorecer progresivamente su propia autonomía en su satisfacción. Tienen que ver con la alimentación saludable, aseo y vestido, sueño, comunicación y socialización,  de protección y seguridad.  También tiene que ver atender y respetar las emociones del niño, conteniéndole, consolándole, o simplemente acompañándole. Y por supuesto el niño necesita que espacios de juego seguro para jugar, a veces libremente, otras veces necesitará que seamos su "avecrém" enriqueciendo las experiencias.


Y cuidando a nuestros hijos, y favoreciendo su bienestar, estamos contribuyendo a su óptimo desarrollo, y ¿qué es educar si no?  

Cuidar es el andamiaje de la educación, si no respetamos las necesidades de los niños, si no estamos atentos a su maduración, si no observamos y aprendemos de nuestros niños, no podemos aspirar a educar, como mucho adiestraremos.

Por otra parte el rol de cuidador, tiene nombre femenino. Los cambios sociales han sido vertiginosos, y evidentemente hay algunos desajustes. Hace apenas 20 o 30 la mujer cuidaba de la familia: hijos, marido, abuelos… Hoy, la mujer ha salido fuera de casa, y se ha incorporado al mercado laboral, PERO el hombre no está entrando en casa igual de rápido:
  • Las mujeres dedican 4 horas y 29 minutos al trabajo doméstico (actividades de mantenimiento del hogar) frente a 2 horas y 32 minutos que dedican los hombres. Además las mujeres dedican 2 horas y 22 minutos al cuidado de hijos/as frente a 1 hora y 46 minutos los hombres. (Fte. Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades)
Cuidar es una carga, y un gran sumidero de tiempo, pero sin duda es una tarea que aporta grandes satisfacciones, cargada de grandes-pequeños momentos por los que merecen la pena el esfuerzo y la dedicación. En esta tarea es donde el afecto, la presencia total “en cuerpo y alma” y la ilusión cobran su más genuino valor.

Necesitamos que más hombres se acerquen a esta maravillosa tarea, es necesario que los padres compartan con las madres esta tarea, que compartan el esfuerzo, pero también las alegrías, el orgullo y las ilusiones. 


viernes, 6 de febrero de 2015

Lo que necesitan las familias I

¿Qué es lo que necesitan las familias para criar a sus hijos? ¿Qué le diríamos a una familia que acaba de tener su primer hijo? En esta infografía podréis ver los aspectos  claves que han de cuidar las familias para desarrollar satisfactoriamente su papel de padres. 

Da igual el tipo de familia que seamos, ni el número de miembros de que se componga, el género y/o orientación sexual. Lo importante es que somos un equipo, que nuestra familia es única, y es el lugar donde nos sentimos apoyados, respetados y queridos. El vínculo del amor es la chispa que hace que el motor de la vida empiece a funcionar, por el que empezamos a cooperar, sin el que no es posible que las personas se puedan desarrollar.

Entendemos a nuestro hijo, qué necesidades tienen y qué características tienen la etapa evolutiva por la que están pasando. Hay niños hipersensibles, otros muy miedosos, los hay que nunca tienen miedo, … O momentos del desarrollo especialmente conflictivos, la época de las rabietas, de los deberes, la temida adolescencia… Saber cómo son y por qué están pasando nos ayudará a interpretar su comportamiento y ajustar nuestras expectativas.

Tranquilidad y serenidad, para afrontar las dificultades del día a día. Hemos de acudir más a menudo a nuestro propio sentido común, y esto no es posible sin un mínimo de sosiego. Cada uno tendrá su receta, meditación, relajación, contar  antes de soltar un alarido… Estaría bien poder elegir las batallas en las que realmente merece la pena invertir nuestros esfuerzos.

No somos perfectos, ni hemos de pretender la perfección, ni en nosotros ni en nuestros hijos. Estar seguros de que nos equivocáremos, reconocerlo es el sólo el principio. A veces necesitaremos del diálogo y la reflexión para darnos cuenta, bien con otros adultos, o a menudo será nuestro hijo el que nos dé las pistas.  Seremos un buen ejemplo, si asumimos nuestro error, rectificamos/reparamos y por supuesto pedimos perdón.

Tener claro nuestra misión: qué valores son importantes para nuestra familia y que normas son inquebrantables, cuál es nuestro papel para con nuestros hijos. Proteger, cuidar, educar, socializar, incluir, orientar, guiar, acompañar, jugar, aceptar con incondicionalidad, calmar, acariciar, besar, querer, amar.

OCIO disfrutado y compartido. Probablemente los momentos en los que disfrutamos con nuestro hijo sean de gran valor en su educación, porque son momentos en los que verdaderamente nuestros hijos sienten que estamos presentes, que entendemos su propio lenguaje, el del juego, que sus emociones y las nuestras propias se sincronizan. Seguramente nuestro potencial educador esté en su cúspide, porque sea cuando más posibilidades tengan nuestros hijos, de escucharnos, de vernos, de oírnos y de sentirnos, precisamente por este sincronismo. Es importante la calidad del tiempo en que nos dedicamos a nuestros hijos, pero también es cuestión de cantidad, o más bien de regularidad.

Relacionarnos con otras familias que tengan hijos con edades próximas a las nuestras, con los que nuestros hijos puedan compartir ratos de juego, y con los que los padres podamos tener momentos de encuentro en los que compartir inquietudes, preocupaciones, y sobre todo momentos de relax, en los que reírnos y disfrutemos de compañía adulta. A la vez nuestros hijos disfrutarán también.


Buscar ayuda cuando la necesitamos y saber que necesitamos ayuda. A veces una simple conversación con una persona ajena a nuestro problema o conflicto, facilita nuevas claves para la reinterpretación, salvemos el bloqueo. A menudo esto empieza a ser el principio del fin. Puede ser ayuda profesional, si lo consideramos adecuado, o alguien en quien tengamos la confianza, que nos pueda mostrar su apoyo,.. familia y amistad. 

¿Qué más creéis que necesitan los padres tener presente para criar a su hijos?

lunes, 19 de enero de 2015

El valor de la DISCIPLINA en la crianza


En los últimos años disciplina se ha convertido en una palabra denostada, seguramente porque la asociamos con adiestramiento, obediencia ciega, intransigencia, o con el ejercicio déspota de la autoridad.


¿Qué es la disciplina? Instrucción de la persona para adherirse a un determinado código moral, buen comportamiento, y valores. Son los mensajes, modelos, experiencias satisfactorias o negativas que vivencian nuestros hijos en el día a día. Con la finalidad de que, de forma progresiva, éste se integre en la comunidad en la que formamos parte y se convierta en la buena persona (ciudadano, padre, amigo, trabajador, activista…) que nuestra familia tiene como modelo.


Para mí ha sido especialmente revelador el siguiente texto de  Philipe Meireu en su libro Franquestein Educador:
“Somos introducidos en el mundo por los adultos, que hacen, como se dice las presentaciones: “Aquí, mi hijo. Se llama Jaime, o Ahmed. Hijo mío, aquí el mundo(…) formamos parte de él, (..). Ya estaba ahí antes que tú, con sus valores, su lenguaje, sus costumbres, sus ritos, sus alegrías y sufrimientos, y también contradicciones. Este mundo, por supuesto, no lo conozco del todo. Por supuesto, no todos sus aspectos me parecen bien. (…) Formo parte de él y debo introducirte en él. Debo, para empezar enseñarte las normas de la casa, de la domus que te acoge. Tendrás que someterte a ellas y eso, sin duda, será para ti una fuente de preocupaciones y quizá incluso de algunos tormentos. (…) Es normal, al fin y al cabo, que aquél que llega acepte algunas renuncias para tomar parte de la vida que aquellos que le acogen. Ése es el precio que hay que pagar para que te conviertas en miembro de la comunidad”


Los padres, pues, somos mediadores entre el mundo y nuestros hijos. Y si queremos que nuestros hijos formen parte de él, disfruten como el resto de sentirse integrados, acogidos, de formar parte de algo superior a él mismo, hemos de facilitarle las herramientas para que pueda hacerlo.

Nuestra tarea es la del equilibrista: le facilitaremos el conocimiento de las normas, y del sentido de éstas, de las consecuencias que puede tener el superar los límites marcados por éstas, para hacerle competente de actuar en libertad, con responsabilidad. A la vez hemos de ser garantía del bienestar del niño, de protegerles y cuidarles, para que se encuentren seguros, se sientan amados y valiosos para nuestra familia.

Y todo esto teniendo en cuenta que sus capacidades y potencialidades irán evolucionando, así como sus necesidades y las expectativas sociales. Este equilibrio estará adaptado en la primera infancia, y especialmente en los primeros años el vínculo afectivo que establezcamos con nuestros hijos será prioritario, desde luego será el valor más importante en nuestra relación con el niño

Más tarde, al evolucionar sus capacidades, y tener resueltas sus necesidades básicas, descubrirá con nuestra ayuda, que existen OTROS distintos a él, que tendrán intereses distintos, y que podrán confrontarse con los suyos propios, pero a los que habrá de respetar, como él mismo se respeta.  Que existirán normas y tareas, que por diversos motivos, habrá que respetar y colaborar, con las que, entrará en conflicto sus propias necesidades o intereses. Estos motivos, se sustentarán en valores, como el orden o la belleza, la solidaridad, y ese será el vínculo que habremos de descubrir, e incluso cuestionarlos, haciendo partícipes a nuestros hijos.

Nuestra meta como padres es que, nuestros hijos tengan su propio código moral, sus valores y principios. Éstos le permitirán vivir en comunidad, en interrelación con los otros, disfrutando de las oportunidades de bienestar y desarrollo que les brinda, colaborando incluso en la trasformación y mejora de la misma.

Un día, convertido nuestro hijo en adulto, y acabada esa “asimetría educativa” es bastante posible no se parezcan tanto a los nuestros como hubiéramos deseado, o sí?? Será libre y responsable de sus actos, convertido en adulto, habremos de dejarle ser… (y eso, es ya otra historia)
 “Pinocho tenía las piernas entumecidas y no sabía usarlas, de modo que Gepeto lo sostenía de la mano y lo guiaba para que aprendiese a poner un pie delante del otro. Cuando tuvo las piernas bien desentumecidas, Pinocho empezó a andar solo y a correr por la habitación; y de repente, abrió la puerta saltó a la calle y huyó...”

jueves, 8 de enero de 2015

El valor del AMOR en educación

Es reciente el respaldo del mundo profesional y científico al valor de las emociones en la construcción del ser humano. La educación emocional hoy se nos revela  imprescindible si queremos procurar  herramientas a nuestros hijos para alcanzar el éxito.

Si hemos de destacar una emoción especialmente valiosa en las relaciones humanas, es el amor, y es en la familia donde tiene su máxima expresión y valor. Nos sentimos apoyados, con más energía,
Felix Loizoaga nos introduce en la materia en el siguiente artículo “Los primeros apegos son la base de la construcción de la persona y destaca el valor de las conexiones íntimas de amor entre adultos significativos y niñ@s, pudiendo ser éstos madre o padre, abuelos, o incluso figuras ajenas a la familia como un entrenador o un maestro.

Obvio, ¿no? Seguro que todos sabemos que necesitamos tener alguien, nos anime nos aliente a seguir descubriendo, a superar las adversidades, a descubrir nuestros talentos… Y ese alguien tiene que estar disponible, al que nos una conexión auténtica, espontánea, sin halagos artificiosos ni sonrisas forzadas, que nos acepte y respete, y al que nosotros respetemos, admiremos y deseemos tener presente.  Es de sentido común.

Necesitamos de los otros para que se nos revelen algunos significados, que antes estaban ocultos (“si es un perro te muerde” de lo cerca que estaba, GRACIAS Irene). Y llevaba dándole vueltas al asunto  varias semanas, el cariño no puede expresarse, si no manifestarse y demostrarse para ser realmente sentido, no puede ser fingido ni artificioso, los niños son expertos en detectar la falsedad de las emociones.

A este respecto nos deja Felix Loizoaga una perla, de estas que merecen acompañarse de una bonita imagen: 
Imagen: nuestras manos, tus pies. Patri del Sol

viernes, 5 de diciembre de 2014

6 Claves de la parentalidad positiva


Ser padre es la tarea más difícil a la que hacer frente en la vida, exige una  entrega y dedicación sin igual, una gran dosis de energía y paciencia ilimitada, hacer frente a las dificultades previstas y a las sobrevenidas.

Conscientes del papel de la familia para el desarrollo social y económico europeo  en el 2006 el Consejo de Europa prioriza el fortalecimiento de la familia.  La recomendación Rec (2006)19 insta a los estados miembros  a promover políticas sociales  que favorezcan el desarrollo de las responsabilidades parentales de las familias. Siempre desde el respecto al superior interés del menor, como persona con derechos.

En este momento se define la parentalidad positiva como paradigma, como una forma de entender la crianza de los hijos, “que tiene en cuenta las necesidades de los hijos y su satisfacción, proporciona ambientes y recursos para estimular su aprendizaje, pero también se ocupa de que ofrecer modelos positivos y procurar el aprendizaje de las normas sociales básicas, pone límites a su comportamiento”.

Así, esta tarea debe estar fundamentada en el desarrollo de relaciones positivas entre padres e hijos, y excluye de manera inequívoca el maltrato o la violencia de cualquier tipo.

El ejercicio de las responsabilidades familiares debe guiarse por los siguientes principios:
  • VÍNCULO DEL AFECTO. Lo saludable es el afecto, y los beneficios del desarrollo de un apego seguro están empezando a tener evidencia científica. Todos sabemos que para que un niño crezca necesita sentirse querido y protegido.
  •  ENTORNO ESTRUCTURADO: Los niños necesitan sentirse seguros, pero también necesitan que les guiemos y orientemos en su socialización, con normas y cierto orden, pero también con flexibilidad según sus necesidades. Esto incluye que hemos de tener en cuenta que nuestros comportamientos son atentamente observados, e imitados, por nuestros hijos; la coherencia será pues, un valor en alza.
  • ESTIMULACIÓN Y APOYO DEL APRENDIZAJE: facilitar que nuestros hijos encuentren la motivación por el aprendizaje, reforzar sus logros sin caer en el exceso de halago, darles la oportunidad aprovechar su imaginación y creatividad. No hemos de olvidar el valor del juego en la infancia.
  • RECONOCIMIENTO: Los padres hemos de interesarnos por lo que le importa a nuestro hijo, necesitamos observarlos atentamente, que les entendamos. Los niños necesitan sentirse comprendidos.
  • CAPACITACIÓN de los hijos, potenciando su percepción como agentes activos capaces de cambiar las cosas e influir sobre los demás. Los espacios y momentos de escucha, de juego u ocio compartido serán la clave para el desarrollo de este aspecto.
  • Educar SIN VIOLENCIA, con respeto a nuestros hijos, ningún adulto merece ningún tipo de violencia ni humillación, ¿por qué a un niño sí?