Ayer en el programa de radio Esto me suena de RNE, escuché una iniciativa
que por lo visto funcionan en varias ciudades de España, los Caminos Escolares.
Pretende que los niños puedan ir solos
al colegio de forma segura, recuperando el derecho a la autonomía del
niño en la ciudad, aunque sólo sea para ir y venir al cole.
Y, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué ya no vemos niños en la
calle? ¿Es realmente la calle un lugar tan inseguro para los niños?
La evolución urbana en los últimos 30 años ha transformado
nuestras ciudades, en la mayoría de las ocasiones se han privilegiado intereses
económicos y adultos. La ciudad es adultocentrista, se han construido barriadas
en los que lo que interesaba era la rentabilidad económica inmediata, y poco el
construir espacios de encuentro. Se han
diseñado vías y calles teniendo como referencia el tráfico urbano y el
comercio, dejando espacios mínimos para
el paseo.
La forma de vivir la infancia
ha cambiado en los últimos treinta años, especialmente la experiencia de jugar.
Hoy se hace casi imposible que un niño juegue en la calle sin estar controlado
por un adulto, y ello perjudica el desarrollo de la personalidad del niños.
Es cierto que cada vez hay más parques y zonas de juego
completísimas: los toboganes y los columpios se han modernizado, la arena, la
tierra, las hierbas… se han higienizado y sustituido por pavimentos seguros.
Pero…. al parque el niño y la niña no pueden ir si no es acompañados por un
adulto, si es que éste no tiene otros “quehaceres”, que son múltiples,
y a los que, a menudo es el niño el que acompaña...
Queremos que los niños sean
independientes y autónomos en muchas áreas, llegando incluso a acelerar
aprendizajes, pero no les permitimos desarrollarse y ser autónomos en aquello
para lo que madurativamente sí que están
preparados, interesados el juego libre. Los
niños necesitan estar solos, no quieren estar en espacios cerrados rodeados de
juguetes, somos nosotros los que necesitamos saber que nuestros hijos están en
lugares “hiperseguros”. Un niño no juega de la misma manera controlado o guiado
por un adulto. Los niños apenas tienen oportunidades de vivir experiencias por
su cuenta, de jugar y aprender en realidad.
Las familias necesitamos espacios de encuentro e intercambio, diseñado para las personas, espacios que serían disfrutados especialmente por los niños, pero también lo serían de los adultos. Zonas de encuentro familiar, donde los niños puedan estar “a su aire” y los adultos enfrascados en sus conversaciones, donde poder compartir y disfrutar de ese tiempo libre tan escaso y necesario.
Y es imposible hablar de infancia, juego y ciudad si no
mencionamos a Francesco Tonucci o Frato, pedagogo, dibujante, y autor del libro "La ciudad de los niños". Para
conocer mejor sus planteamientos, os propongo ver el siguiente vídeo, os dará
perlitas para reflexionar sobre este tema… (y no estará de más ahora que
próximamente nos toca decidir quién gobierna nuestros municipios)

