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jueves, 12 de marzo de 2015

La ciudad es de los niños y las niñas

Ayer en el programa de radio  Esto me suena de RNE, escuché una iniciativa que por lo visto funcionan en varias ciudades de España, los Caminos Escolares. Pretende que los niños puedan ir solos  al colegio de forma segura, recuperando el derecho a la autonomía del niño en la ciudad, aunque sólo sea para ir y venir al cole.

Y, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué ya no vemos niños en la calle? ¿Es realmente la calle un lugar tan inseguro para los niños?

La evolución urbana en los últimos 30 años ha transformado nuestras ciudades, en la mayoría de las ocasiones se han privilegiado intereses económicos y adultos. La ciudad es adultocentrista, se han construido barriadas en los que lo que interesaba era la rentabilidad económica inmediata, y poco el construir espacios de encuentro. Se han  diseñado vías y calles teniendo como referencia el tráfico urbano y el comercio, dejando espacios mínimos para  el paseo.

La forma de vivir la infancia ha cambiado en los últimos treinta años, especialmente la experiencia de jugar. Hoy se hace casi imposible que un niño juegue en la calle sin estar controlado por un adulto, y ello perjudica el desarrollo de la personalidad del niños. 

Es cierto que cada vez hay más parques y zonas de juego completísimas: los toboganes y los columpios se han modernizado, la arena, la tierra, las hierbas… se han higienizado y sustituido por pavimentos seguros. Pero…. al parque el niño y la niña no pueden ir si no es acompañados por un adulto, si es que éste no tiene otros “quehaceres”, que son múltiples, y a los que, a menudo es el niño el que acompaña... 


Queremos que los niños sean independientes y autónomos en muchas áreas, llegando incluso a acelerar aprendizajes, pero no les permitimos desarrollarse y ser autónomos en aquello para lo que madurativamente sí que están preparados, interesados el juego libre.  Los niños necesitan estar solos, no quieren estar en espacios cerrados rodeados de juguetes, somos nosotros los que necesitamos saber que nuestros hijos están en lugares “hiperseguros”. Un niño no juega de la misma manera controlado o guiado por un adulto. Los niños apenas tienen oportunidades de vivir experiencias por su cuenta, de jugar y aprender en realidad.


Las familias necesitamos espacios de encuentro e intercambio, diseñado para las personas, espacios que serían disfrutados especialmente por los niños, pero también lo serían de los adultos.  Zonas de encuentro familiar, donde los niños puedan estar “a su aire” y los adultos enfrascados en sus conversaciones, donde poder compartir y disfrutar de ese tiempo libre tan escaso y necesario.

Y es imposible hablar de infancia, juego y ciudad si no mencionamos a Francesco Tonucci o Frato, pedagogo, dibujante, y autor del libro "La ciudad de los niños". Para conocer mejor sus planteamientos, os propongo ver el siguiente vídeo, os dará perlitas para reflexionar sobre este tema… (y no estará de más ahora que próximamente nos toca decidir quién gobierna nuestros municipios)

viernes, 6 de febrero de 2015

Lo que necesitan las familias I

¿Qué es lo que necesitan las familias para criar a sus hijos? ¿Qué le diríamos a una familia que acaba de tener su primer hijo? En esta infografía podréis ver los aspectos  claves que han de cuidar las familias para desarrollar satisfactoriamente su papel de padres. 

Da igual el tipo de familia que seamos, ni el número de miembros de que se componga, el género y/o orientación sexual. Lo importante es que somos un equipo, que nuestra familia es única, y es el lugar donde nos sentimos apoyados, respetados y queridos. El vínculo del amor es la chispa que hace que el motor de la vida empiece a funcionar, por el que empezamos a cooperar, sin el que no es posible que las personas se puedan desarrollar.

Entendemos a nuestro hijo, qué necesidades tienen y qué características tienen la etapa evolutiva por la que están pasando. Hay niños hipersensibles, otros muy miedosos, los hay que nunca tienen miedo, … O momentos del desarrollo especialmente conflictivos, la época de las rabietas, de los deberes, la temida adolescencia… Saber cómo son y por qué están pasando nos ayudará a interpretar su comportamiento y ajustar nuestras expectativas.

Tranquilidad y serenidad, para afrontar las dificultades del día a día. Hemos de acudir más a menudo a nuestro propio sentido común, y esto no es posible sin un mínimo de sosiego. Cada uno tendrá su receta, meditación, relajación, contar  antes de soltar un alarido… Estaría bien poder elegir las batallas en las que realmente merece la pena invertir nuestros esfuerzos.

No somos perfectos, ni hemos de pretender la perfección, ni en nosotros ni en nuestros hijos. Estar seguros de que nos equivocáremos, reconocerlo es el sólo el principio. A veces necesitaremos del diálogo y la reflexión para darnos cuenta, bien con otros adultos, o a menudo será nuestro hijo el que nos dé las pistas.  Seremos un buen ejemplo, si asumimos nuestro error, rectificamos/reparamos y por supuesto pedimos perdón.

Tener claro nuestra misión: qué valores son importantes para nuestra familia y que normas son inquebrantables, cuál es nuestro papel para con nuestros hijos. Proteger, cuidar, educar, socializar, incluir, orientar, guiar, acompañar, jugar, aceptar con incondicionalidad, calmar, acariciar, besar, querer, amar.

OCIO disfrutado y compartido. Probablemente los momentos en los que disfrutamos con nuestro hijo sean de gran valor en su educación, porque son momentos en los que verdaderamente nuestros hijos sienten que estamos presentes, que entendemos su propio lenguaje, el del juego, que sus emociones y las nuestras propias se sincronizan. Seguramente nuestro potencial educador esté en su cúspide, porque sea cuando más posibilidades tengan nuestros hijos, de escucharnos, de vernos, de oírnos y de sentirnos, precisamente por este sincronismo. Es importante la calidad del tiempo en que nos dedicamos a nuestros hijos, pero también es cuestión de cantidad, o más bien de regularidad.

Relacionarnos con otras familias que tengan hijos con edades próximas a las nuestras, con los que nuestros hijos puedan compartir ratos de juego, y con los que los padres podamos tener momentos de encuentro en los que compartir inquietudes, preocupaciones, y sobre todo momentos de relax, en los que reírnos y disfrutemos de compañía adulta. A la vez nuestros hijos disfrutarán también.


Buscar ayuda cuando la necesitamos y saber que necesitamos ayuda. A veces una simple conversación con una persona ajena a nuestro problema o conflicto, facilita nuevas claves para la reinterpretación, salvemos el bloqueo. A menudo esto empieza a ser el principio del fin. Puede ser ayuda profesional, si lo consideramos adecuado, o alguien en quien tengamos la confianza, que nos pueda mostrar su apoyo,.. familia y amistad. 

¿Qué más creéis que necesitan los padres tener presente para criar a su hijos?